
Farid Barquet Climent
Abogado, escritor y profesor universitario mexicano.
Estoy seguro de que Gianni Infantino, presidente de la FIFA, desde lo más profundo de su ser y con un ansia inusitada desea que la selección italiana de futbol gane su partido de eliminatoria mundialista programado para el 14 de octubre.
Si afirmo que ese día Infantino hinchará a favor de la squadra azzura no es por el hecho notorio de que es italiano, hijo como lo es el suizo de madre lombarda y padre calabrés. Sostengo que en su fuero interno —y no de modo manifiesto, pues su alta responsabilidad dirigencial le impone reprimirse cualquier exteriorización de su natural querencia— dentro de dos semanas será el más enfebrecido tifoso de sus connacionales porque un triunfo de éstos le pondrá paños fríos al problema geopolítico que lo atormenta: la tensión entre el amplio sector de la opinión pública mundial que le exige impedir que la selección de futbol de Israel asista al mundial varonil del próximo año, y el apoyo que le ha externado al gobierno israelí Donald Trump, presidente del país que será la sede principal del mundial.
Aumenta día con día el reclamo para que la FIFA deje a Israel fuera de Norteamérica 2026 como castigo por la hambruna que ha provocado entre la población de Gaza por órdenes de su primer ministro, Benjamín Netanyahu. La pretensión es que a Israel se le dé el mismo trato que a la Rusia de Vladimir Putin, que tras la invasión a Ucrania en febrero de 2022 fue de inmediato excluida por la FIFA de todos los torneos del circuito futbolístico internacional.
De acuerdo con información de la agencia Afp difundida por el diario mexicano La Jornada el 23 de septiembre, expertos independientes de la ONU hicieron un llamado para que tanto la FIFA como la confederación europea de futbol, la UEFA, retiren a Israel. Ladislao J. Moñino, reportero del periódico español El País, afirma que tanto el organismo mundial como el continental se han planteado ya esa posibilidad a través de “contactos informales”.
Bajo el contexto imperante de indignación global contra Israel, dentro de dos semanas la selección de Italia tendrá que recibir en Udine al representativo israelí por un boleto al mundial. Si salen triunfadores los dirigidos por Gennaro Gattuso, a Gianni se le disipará un entuerto gigantesco: llevar a estadios de Estados Unidos, México o Canadá, durante el mes que dure la Copa del Mundo Norteamérica 2026, al representativo de un país repudiado por el genocidio que Netanyahu está cometiendo contra los palestinos.
Durante la sesión de la Asamblea General de la ONU que se efectuó el pasado viernes 26, Netanyahu fue abucheado al subir al estrado para hacer uso de la palabra, al tiempo que decenas de asistentes abandonaron el auditorio a modo de protesta por sus acciones contra el pueblo gazatí. Los países que reconocen a Palestina como Estado ya suman más de 140, entre los que se cuentan España, Francia, Reino Unido, Australia y Canadá. En contraste, al micrófono de la máxima tribuna de la ONU Trump calificó tales reconocimientos como una “recompensa” a las “atrocidades” de Hamas.
Jaloneado de un lado por el rechazo creciente a Israel por la mayor parte de la comunidad internacional —la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum calificó de genocidio las acciones israelís en Gaza— y del otro por el respaldo de Trump a Netanyahu, Infantino encabezará la reunión del Consejo de la FIFA pasado mañana jueves 2 de octubre. Tal como lo informa Moñino, se desconoce si en el orden del día se enlistará para votación privar a Israel de seguir formando parte del concierto global del balompié.
Imagino que por estos días Gianni se la pasa rezándole a cuantas madonnas son veneradas en Italia para que le hagan un favorcito: que La Nazionale salga victoriosa sobre Israel. Porque de ser así ya no tendría él que llevar a la mesa del consejo la propuesta de sacarle tarjeta roja sin patadas de por medio a los jóvenes futbolistas que tienen la desdicha de compartir pasaporte con Netanyahu. Gianni intuye, si no es que sabe, que semejante moción, de sólo presentarse, desatará la furia de Donald Trump, el anfitrión principal del mundial del próximo año. Qué mejor para Gianni que Israel no logre conseguir en la cancha el boleto al mundial, pues así él se ahorrará el tener que negarlo.
Perspicaces como lo son los lectores de cuanto he escrito hasta aquí se preguntarán: ¿por qué se enfrentan en la eliminatoria Italia e Israel si esta última nación no pertenece geográficamente a Europa? El motivo es que si se eliminara en la confederación de Asia —la que le corresponde por ubicación geográfica y en la cual estuvo inscrita durante algún tiempo— cada partido eliminatorio contra sus vecinos árabes sería de alta tensión. Y no lo escribo en sentido figurado. A fin de evitar partidos en extremo sobrecalentados, Israel se mudó a la confederación de Oceanía en la década de 1970 y en la de 1990 se instaló en la UEFA.
Pero mientras formó parte de la confederación asiática Israel fue el país de ese continente que usufructuó la primera plaza mundialista que se le reservó en exclusiva y por derecho propio a favor de las naciones que lo conforman. Porque al igual que los países africanos, los asiáticos no tuvieron durante muchos años un lugar sólo para ellos en las fases finales de las Copas del Mundo. Durante varias ediciones las naciones de África, Asia y Oceanía se vieron en la obligación de tener que competir entre sí para conseguir un boleto. Fue hasta las eliminatorias rumbo a México 70 que tanto Asia como África contaron con un lugar que solamente podía ocupar alguno de sus representativos. La selección asiática que estrenó esa prerrogativa fue Israel.
La asistencia de Israel a México 70 marcó su debut mundialista luego de cinco intentos fallidos. Trajo en su alineación a Shmuel Rosenthal, cuya familia paterna entera, salvo su padre, fue asesinada en Lituania a principios de la segunda guerra mundial. Dos años después de México 70, cercanos los días del Septiembre Negro de la Olimpiada de Múnich 72, Rosenthal se convertiría en el primer futbolista israelí de la historia en jugar en la Liga alemana al ser contratado por el Borussia Mönchengladbach.
Rosenthal llegó al Gladbach luego de militar siete años en uno de los clubes Hapoel de su país (Hapoel significa “El obrero”, y es el nombre que reciben los trece clubes fundados por la Federación General del Trabajo, organización que agrupa a los sindicatos israelíes), el de la ciudad de Petah Tikva, equipo al que regresó luego de un año en la Bundesliga. En 1976 pasó al Beitar Tel Aviv y dos temporadas después jugó en la Liga de Estados Unidos con los Stompers de Oakland. Terminó su carrera en 1979 en otro Hapoel, el de Lod.
Además de Rosenthal el otro jugador insignia de Israel en México 70 fue Mordechai Spiegler, capitán del equipo, autor del gol de la calificación y compañero de Pelé un lustro después en el Cosmos de Nueva York.
Bajo el liderazgo de Rosenthal y Spiegler, Israel debutó en Copas del Mundo en la ciudad de Puebla, donde Uruguay le dio la bienvenida propinándole una derrota merced a los goles de Ildo Maneiro y Juan Martín Mugica. En la que es hasta ahora su única participación en mundiales, los israelíes no superaron la primera fase. Quedaron eliminados en un grupo en el que se midieron contra dos campeones mundiales, Uruguay e Italia, más un subcampeón también mundial, Suecia.
El único gol que registra Israel en mundiales lo marcó Spiegler en el empate 1-1 ante Suecia en Toluca. Está por verse si seguirá ostentando ese récord. Nada tengo en lo personal a favor del delantero histórico del Maccabi Netanya como para desear que continúe ocupando ese sitial. Pero debo decir que nada me gustaría más que siga en esa condición. Hago votos para que conserve esa marca no porque yo desee que la selección de Italia deje fuera de Norteamérica 2026 a los compatriotas de Spiegler, sino por un motivo de verdadera importancia y trascendencia: que los dirigentes del futbol finalmente sean sensibles al clamor de que el futbol no le dé cabida en la fiesta planetaria que es la Copa del Mundo a un Estado perpetrador de crímenes contra la humanidad.




