
Fausto Pretelin Muñoz de Cote
Editor y columnista en El Economista. Maestro en Dirección Internacional.
La presidenta Claudia Sheinbaum hereda la empobrecida política exterior etnocentrista de AMLO. No solo la hereda, también profundiza el perfil provinciano de un país que no merece ser desconectado políticamente del mundo.
El discurso que leyó su enviado a la Asamblea General de la ONU comprueba que será otro sexenio perdido por la obsesiva idea de que lo mejor para el país es promover una diplomacia dogmática.
El discurso de Juan Ramón de la Fuente empequeñeció al país: fue un mensaje electorero y no de Estado; fueron palabras ya no provincianas sino similares a la de un alcalde de Iztapalapa, Miguel Hidalgo o Benito Juárez. Da lo mismo.
El desperdicio de recursos humanos en el Servicio Exterior Mexicano es preocupante. El gobierno de Sheinbaum, en política exterior, muta de una diplomacia dogmática a una diplomacia de los baches.
Lo único importante es la acumulación del poder sin importar que haya dado un golpe la Corte Suprema del Acordeón.
La acumulación de problemas globales requiere de una diplomacia audaz, no funcionarios que no miran más allá de los baches.
“Hay democracia, libertades, pluralidad y derecho a disentir”, mencionó Juan Ramón de la Fuente.
¿Democracia? ¿Luego del fraude electoral sobre el poder Judicial? ¿La Suprema Corte del Acordeón tiene legitimidad luego de las tranzas? ¿Democracia sin órganos autónomos? ¿Democracia sin equilibrios reales de poder?
¿En qué mundo vive el doctor psiquiatra, Juan Ramón de la Fuente?
“La justicia se transforma, y hoy, una persona indígena es presidente de la Suprema Corte”. En efecto, se transforma para empeorar a través de la trampa. El indígena fue elegido a dedo por AMLO, no por lo votantes.
“El pueblo mexicano es un pueblo fraterno, hacia adentro y allende sus fronteras”.
¿Y los 40 ciudadanos venezolanos que perdieron la vida en una cárcel migrante? ¿Y los 200 mil asesinados en el sexenio pasado? ¿Y los estados fallidos? ¿Y los narcoembajadores?
De la Fuente le arrima el hombro a Cuba sin mencionar la ausencia de libertades y la violación sistemática de derechos humanos producto de la dictadura.
Miente el secretario cuando menciona que “hay que reivindicar el derecho internacional junto con los derechos humanos”; De la Fuente sabe que el gobierno al que pertenece viola el artículo 89 de la Constitución en el apartado sobre las obligaciones internacionales que tiene México sobre los DDHH. ¿Y Venezuela? ¿Por qué el gobierno de la presidenta Sheinbaum guarda silencio frente a los crímenes de lesa humanidad cometidos por Maduro?
De la Fuente no habló del ecocidio que existe debajo de las vías de un tren fantasma, pero sí presumió (sin pruebas) que México es el país donde se plantan la mayor cantidad de arbolitos en todo el mundo.
El multilateralismo revela la salud del mundo
Lo que hemos visto esta semana durante el cumpleaños 80 de la ONU es su precaria salud, pero paradójicamente, también refleja la pluralidad del mundo.
Los peores y los mejores actores políticos han ofrecido un diagnóstico sobre el mundo en la Asamblea General de la ONU.
No deja de sorprender el presidente de Indonesia, el país musulmán más grande del mundo. Prabowo Subianto mencionó en su discurso que no quiere un mundo sin reglas; no quiere un mundo donde la fuerza sea la que determine quién gana y quién pierde. Escuchamos a Brasil hablar de democracia, algo que en muchas regiones ya suena a arcaísmo. Escuchamos a China hablar sobre la reducción de gases CO2.
El sistema de cooperación internacional tiene dos problemas: el reparto de poder en el mundo hoy es distinto del reparto del poder cuando se creó Naciones Unidas.
Esto produce que exista malestar en muchos países empoderados, pues están hartos de observar desde las gradas a los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad decidiendo por ellos. Los países enojados tienen la tentación de ir por su cuenta porque se sienten fuertes.
El segundo problema es: ¿Cómo hacemos funcionar este sistema de cooperación internacional sin un poder hegemónico?
Hasta ahora teníamos a un país que aceptaba ser el garante último de que el sistema funcionara: era Estados Unidos. Ya no lo es.
Estados Unidos no era siempre perfecto; no era siempre honesto; no era siempre coherente. Pero todos sabíamos que cuando Estados Unidos tocaba el silbato había que ponerse firmes.
Ahora, Estados Unidos ha abdicado de esa responsabilidad. Y no solo esto, Donald Trump quiere demoler el sistema porque él piensa que no le sirve. Esto nos obligaría a articular un sistema de cooperación internacional sin una potencia hegemónica.
Donald Trump, Gustavo Petro o Juan Ramón de la Fuente (en ausencia de la presidenta Sheinbaum) forman parte del mismo ejército, el que sostiene una guerra en contra de la verdad.
Por momentos, la atmósfera de la Asamblea General parecía el teatro de la mentira donde personajes compiten como si estuvieran participando en el Festival de Eurovisión: se esfuerzan por ser histriónicos; cantan a gritos para que las mentiras no lo parezcan.
Petro, el poeta frustrado y acomplejado
Otros interpretan el papel de poetas. Si el mundo de lo tangible descubre su ignorancia, entonces eligen la poesía para divertir a las gradas desde lo abstracto.
Leamos lo que dijo Petro al final de su participación: “No hay raza superior. No hay pueblo elegido de Dios. No lo es ni Estados Unidos ni Israel: ignorantes fundamentalistas piensan así. El pueblo elegido de Dios es la humanidad. Hasta las estrellas, siempre. Es la hora de la libertad o la muerte”.
Antes, el presidente colombiano dijo: “Sí señores de China, la Alemania, Estados Unidos y Wall Street, y París y la Bolsa de Londres: si ustedes quieren recoger los intereses de la deuda externa en nuestros países, encontrarán cementerios y muertos; y cuando vayan a recogerlos ustedes también serán cementerios y muertos. No sirve ese dinero en medio de los cadáveres”.
¿En qué piensa Gustavo Petro cuando lee este tipo de discursos? Sus palabras solo reflejan complejos que no debería de presumir ningún presidente.
Trump, el destructor
¿Cómo interpretar la guerra de la Casa Blanca en contra de la ciencia? MAGA ha decidido hacer una revolución en contra de la Ilustración. ¿Cuántas ciudades comienzan a ser borradas por el cambio climático? Trump dice que lo del cambio climático es una estafa.
El presidente de Estados Unidos consume hoy el futuro de las generaciones. Se presenta en la Asamblea General de la ONU para lanzar granadas en contra del multilateralismo. Se enoja porque no funcionan las escaleras eléctricas y el acordeón de la pantalla donde lee su discurso.
En ocasiones presume su comportamiento infantil. Quitar en uno de los jardines de la Casa Blanca la foto del presidente Biden y colocar una fotografía de una fotocopiadora de firmas le produce gracia.
Trump, Petro y De la Fuente: tres diagnósticos sobre una precaria salud del continente americano.
Los tres usaron la caja de resonancia global (ONU) solo para mandar mensajes domésticos.




