El fracaso de Juan Ramón de la Fuente

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Editor y columnista en El Economista. Maestro en Dirección Internacional.


Juan Ramón de la Fuente pide a la ONU lo que él no sabe hacer.

Remedo de un secretario de Relaciones Exteriores, De la Fuente es el primer canciller mexicano que no viaja al exterior lo suficiente. La dependencia que dirige solo se dedica a reimprimir viejos comunicados de prensa como si fueran novedad.

De la Fuente actúa un viejo guion: los dogmas suprimen el realismo diplomático.

Ni él ni AMLO ni la presidenta Sheinbaum toman en cuenta la voluntad de la sociedad venezolana que votó en contra de Maduro en las elecciones presidenciales de 2024.

El cuento de la “libre determinación de los pueblos” es una burla a los venezolanos, pero también a los mexicanos que muestran interés por la polítca exterior.

Ni De la Fuente ni AMLO ni la presidenta Sheinbaum mencionan el documento sobre Derechos Humanos en Venezuela que desarrolló un equipo autónomo de Naciones Unidas cuando Michelle Bachelet estuvo al frente de DDHH de la ONU en Ginebra. El resultado es demoledor: el régimen podría ser acusado de ser responsable de crímenes de lesa humanidad.

¿A qué juega De la Fuente y la presidenta Sheinbaum cuando guardan silencio supuestamente por mandato constitucional? De la Fuente, AMLO y Sheinbaum pasan por alto el artículo 89 de la Constitución mexicana que les obliga a velar y promocionar los DDHH en el mundo.

México y Brasil, principalmente, son corresponsables de la permanencia de Maduro en el poder. Nunca pusieron sobre la mesa del Palacio Nacional la voluntad de una amplia mayoría de venezolanos que votaron en contra de Maduro; nunca se adelantaron al plan que llevó a cabo Trump la madrugada del pasado sábado.

¿Ni AMLO ni Sheinbaum ni Lula pudieron convocar a los países latinoamericanos para analizar el caso venezolano luego del robo electoral?

¿De la Fuente no le sugirió a la presidenta mexicana que lo hiciera?

En lugar de ello, De la Fuente siguió las olas que Marcelo Ebrard le dejó en la secretaría.

AMLO apostó por América Latina y fracasó. México tiene menos amigos hoy que hace siete años. No tiene relaciones con Ecuador y Perú. No hay diálogo político con Argentina, El Salvador, Bolivia y Panamá, y pronto dejará de haberlo con Chile y Honduras. Gustavo Petro cayó en desgracia el día que viajó a México y reveló que la “compañera Sheinbaum” formó parte de la guerrilla. La presidenta mexicana lo negó.

De la Fuente ha permitido que Lula se haya burlado de México el día que mencionó que su país es el más importante de la Celac. No hubo un comentario por parte de De la Fuente.

Lula tenía razón.

De la Fuente presume que no entiende de política exterior. Cree que hacer política exterior es ser apologista de la doctrina Estrada y que la violación de los DDHH en Venezuela es consecuencia de la libre determinación de los pueblos.

De la Fuente y la presidenta Sheinbaum creen que Trump es el mismo de hace ocho años. ¡Vaya época en la que AMLO viajaba a Washington para abrazar y aplaudir a Trump por el magnífico trato que le daba a los mexicanos!

Sí, los mismos que eran violadores, narcotraficantes y asesinos (según Trump).

De la Fuente no se ha percatado que fuera de su guion hay una guerra dogmática entre las diplomacias de la región, incluyendo a Estados Unidos.

AMLO pensó que ganaría. Que los mandatarios latinoamericanos se postrarían ante él por su liderazgo. Hoy, los gobiernos afines a Trump se multiplican. Ahora Venezuela se ha convertido en un protectorado estadounidense. Ahora serán Rubio, Hegseth y Miller los que decidan lo que debe de hacer la criminal de Delcy Rodríguez.

La presidenta de Venezuela en realidad es empleada doméstica de Trump. El sábado, Rodríguez vociferó en contra de Trump; el domingo, le dedicó palabras dulces. Mañana, quizá, le diga que está enamorada de su liderazgo.

Ni México ni Brasil comprendieron el mal que le estaban haciendo a la sociedad venezolana cuando defendían a la dictadura de Maduro. Ahora reaccionan y piden diálogo. Receta innovadora que siempre fue la trampa predilecta de Maduro.

Ahora Maduro dice que es “una persona decente”. Y, claro, De la Fuente y Sheinbaum han de pensar que sí lo es.

Solo Noruega reaccionó y se distanció de las trampas de Maduro a través de sus famosa mesas de diálogo con la oposición. AMLO le abrió las puertas del Museo de Antropología para que el dictador llevara a cabo el teatro del absurdo.

De la Fuente nunca tuvo la inteligencia y la experiencia diplomática para adelantarse a los hechos del sábado.

Ni siquiera el brutal ataque de Estados Unidos en Venezuela ha despertado a De la Fuente y Sheinbaum al realismo diplomático.

Ahora, es muy tarde. Les queda el guion de la “libre determinación de los pueblos” y decenas de comunicados a los que solo les cambia la fecha.