
Fausto Pretelin Muñoz de Cote
Editor y columnista en El Economista. Maestro en Dirección Internacional.
No conviene abandonar la realidad.
Nicolás Maduro es un violador de derechos humanos, represor y un dictador que se robó las elecciones presidenciales del año pasado. Existe una orden de detención en su contra por parte de tribunales internacionales.
El tema del narcotráfico es secundario, pero es utilizado por México y Brasil para ayudarlo.
Las comunicaciones entre Jorge Rodríguez con la cancillería mexicana se han multiplicado durante los últimos días, me comenta una fuente de la cancillería mexicana conocedora del tema.
Rodríguez es uno de los represores más sangrientos de la dictadura y ha visitado el edificio de avenida Juárez en varias ocasiones. Durante la represión de 2019 Jorge Rodríguez mandó a sus hijos a la Ciudad de México.
Jorge Rodríguez le ha pedido a Roberto Velasco que la presidenta Sheinbaum presione a Estados Unidos pidiendo diálogo con Maduro. Hay que recordar que Marcelo Ebrard recibió a Jorge Rodríguez cuando el primero era secretario de Relaciones Exteriores.
“Diálogo”, para el régimen de Maduro tiene una acepción distinta a la convencional. “Diálogo” significa engañar y comprar tiempo. Así ha quedado registrado en las múltiples mesas que Maduro ha organizado.
Entre las principales mesas de “diálogo” destacan la de 2016; la llamaron Mesa de Urgencia Nacional. Se estableció para supuestamente abordar la crisis política que promovió Maduro luego de perder la mayoría en la Asamblea Nacional. De manera tramposa creó la llamada Asamblea Constituyente para que actuara como “parche”.
En 2018 el régimen promovió una mesa en la República Dominicana. El objetivo era llegar a un acuerdo electoral, pero el diálogo lo descarriló Maduro.
Oslo y Barbados fueron sedes de un nuevo intento de diálogo entre Maduro y la oposición. Ocurrieron durante el año 2019. Nuevo fracaso. Maduro tuvo miedo de organizar un revocatorio, y optó por las trampas.
¡México! Sí, AMLO le abrió la puerta del Museo de Antropología a Maduro y a sus secuaces. Nuevo fracaso. La dictadura se consolidó.
Ni México ni Brasil deben ser mediadores entre Washington y la dictadura. Ambos son cómplices de Maduro.
De manera paradójica, la estrategia de Donald Trump nutre a las diplomacias dogmáticas de Sheinbaum y Lula. Ambos prefieren hablar de la injerencia estadounidense, pero no de la violación de los DDHH del régimen. Ni a Sheinbaum ni Lula les preocupa la ausencia de libertades en Venezuela. ¿Democracia? No. Libre determinación de los pueblos.
Sheinbaum no coopera con el tribunal de Manhattan donde existe una orden de captura en contra del dictador. En lugar de cooperar para su entrega, lo protege.
La apuesta equivocada
AMLO decidió centrar su política exterior en el continente americano: pragmatismo comercial con Estados Unidos y romántica relación con América Latina. Sí, pero solo con los que consideraba como aliados.
Su diplomacia dogmática fracasó. No hay relación diplomática con Perú y Ecuador y La Alianza del Pacífico se encuentra paralizada por su culpa; con varios países no existe diálogo político. Por ejemplo, Argentina. Tampoco con El Salvador. O qué decir de República Dominicana, donde Sheinbaum despreció la cita de la Cumbre de las Américas, finalmente cancelada.
México está en guerra dogmática contra Estados Unidos. Trump quiere presidentes de extrema derecha en la región. Sheinbaum quiere a presidentes/dictadores de extrema izquierda.
Ni a Trump ni a Sheinbaum les interesa el derecho internacional. En el caso de México, el artículo 89 contempla la obligación del país por preservar y promover los DDHH en el mundo.
Es claro que la presencia de Rosario Piedra en la oficina de DDHH es una muestra del desinterés que tiene la presidenta mexicana por el tema.
México y Brasil se unen para promover la trampa de Maduro.




