
Fausto Pretelin Muñoz de Cote
Editor y columnista en El Economista. Maestro en Dirección Internacional.
No es fácil aprender de la diplomacia cuando se le piensa ajena a las instituciones.
La presidenta Sheinbaum decidió boicotear a los pocos diplomáticos que le quedan en la banca de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Recibir al expresidente Gustavo Petro representó una clara erosión en la relación diplomática con el actual gobierno colombiano.
El discurso de Abelardo de la Espriella genera miedo; sí, como todos los perfiles de la extrema derecha lo generan, pero es el presidente de Colombia. La mexicana tiene que continuar la relación diplomática porque el país colombiano es más relevante que su presidente. Retornar hacia la diplomacia dogmática es revivir casos como el de Perú o Ecuador.
Algo más, jugar a los dogmas es azuzar a la polarización.
El que le haya abierto las puertas de Palacio es potenciar al enano estadista que desde el primer día de su gobierno quedó marcado por el apoyo recibido por el narcotráfico a su campaña.
Lo dijo Daysuris Vásquez, la exesposa de Nicolasito Petro, hijo del expresidente.
Los casos de corrupción en el gobierno de Petro terminaron por afectar la campaña de Iván Cepeda. Lo supo el candidato. Lo sabe Petro.
Gustavo Petro no ha logrado asimilar la derrota de su candidato y su impotencia la cura con la palabra mágica de todo mal perdedor: fraude.
Petro se levanta temprano y llena una plana de su libreta con la palabra “fraude”. Antes de comer llena dos planas. Por la tarde, al ofrecer una entrevista canta fraude, fraude y fraude.
Se lo dijo a la porrista de Putin en el canal de Pablo Iglesias que vende pautas publicitarias al sistema de desinformación de la 4T, Inna Afinogenova.
Fraude, fraude, fraude. Dijo Petro. Inna casi llora.
¿Cómo ocurrió el fraude, señor presidente?
Petro señaló un satélite espacial como uno de los malosos que participó en la conjura contra Cepeda.
El expresidente colombiano usó a la UNAM para ganar centímetros de la corta estatura con la que concluyó su gobierno. Petro hizo esperar al auditorio casi dos horas porque se encontraba con la presidenta en Palacio Nacional.
Petro le preguntó a la presidenta Sheinbaum si estaría dispuesta a darle asilo en caso de que los jueces colombianos soliciten a la policía de su país una orden de detención por alguna de las diversas causas judiciales que vendrán en contra de su persona.
El expresidente salió contento de Palacio Nacional. Petro se suma a la lista de los “progresistas” corruptos: Evo Morales, Rafael Correa y Pedro Castillo.
Bienvenido, Petro.
Es un estadista enano.




